miércoles, 30 de julio de 2014

Primeras 24 horas.

Las primeras 24 horas transcurridas lejos de mi ciudad no han ido excesivamente bien. El viaje, como todos los años, largo y monótono. Ha sido bonito llegar y sentirte diferente, más libre por el hecho de estar en un pueblo, con tu casa y tu patio de vecinos. Siempre me ha gustado esa sensación de libertad que te transmite este lugar. Tampoco hace excesivo calor, que ya sabéis que no me gusta que haga demasiado. Hace el tiempo que debería hacer en estas fechas. Por eso y por el hecho de estar aquí ya estoy algo mejor en Iruña. Pero... como todo lo que escribo aquí, tiene sus pegas.

Para empezar, mis malos augurios con lo del contacto con la gente se ha cumplido. Se ha perdido la relación con casi todos. Hablando con una de esas personas me dijo que ya no salía con la misma gente. Y sigo sin poder contactar con la gente, debido a que perdí sus números cuando cambié de móvil, y ellos no se han molestado en hablarme desde hace casi un año. Supongo que no puedo pedir más... por lo que recuerdo tampoco caí muy bien el año pasado, y como no quiero ser molestia otra vez, desisto. Que sea lo que tenga que ser. Quizás algún día me encuentro con alguno por casualidad, quizás alguien acaba hablándome de nuevo. O quizás no. Asimismo me voy acostumbrando a todo esto. Ya que llevo desde septiembre del año pasado sin salir una noche. Por un mes más no me voy a morir.

Lo que realmente me ha dolido más de estas primeras horas han sido comentarios hechos por mi propia familia. Cada dos por tres mi abuelo se queja de porque no tengo amigos, de que no salgo, de que todo eso es culpa mía... Le digo que me molesta que diga eso, pero al tiempo lo vuelve a hacer. La insistencia dentro de casa también es diferente... Si no se hace algo como y cuando el quiera, ya puedes estar preparado para una charla o una bronca. A veces me siento como si me tratasen como un niño pequeño, como si no supiera hacer nada por mi solo. Y también falta una intimidad que en mi casa siempre tengo. Cuando estoy en mi habitación con la puerta cerrada doy a entender de que quiero estar solo, tranquilo, sin que nadie me moleste. En cambio entran más entonces que si tengo la puerta abierta.

Y bueno... Ahora mismo estoy bastante indiferente con el entorno. Pero llegará el día en el que me canse de una cosa, de la otra, o de todo a la vez. Voy a estar un mes aquí, del que ha pasado solo un día y ya me deja un amargo sabor de boca. Aunque por otra parte, la libertad, y esa sensación que expliqué al principio de estar aquí, ameniza todo. Al fin y al cabo no es lo mismo estar solo en una ciudad, donde ves gente por cada esquina, a estarlo en un pueblo. Esto siempre ha sido diferente, no ha habido dos años iguales. 

Toda esta situación me está haciendo plantearme la locura que llevaba tiempo pensando hacer, aunque de momento tengo que tener paciencia. Pero si esto se me va de las manos y ya no aguanto más, me largaré. Ya he mirado hasta buses que podrían llevarme con Hikari o a casa. Espero no llegar a recurrir a esos extremos, pero soy tan impredecible que... 


Eik Hrast, VdF. 30/07/2014

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