Las primeras 24 horas transcurridas
lejos de mi ciudad no han ido excesivamente bien. El viaje, como
todos los años, largo y monótono. Ha sido bonito llegar y sentirte
diferente, más libre por el hecho de estar en un pueblo, con tu casa
y tu patio de vecinos. Siempre me ha gustado esa sensación de
libertad que te transmite este lugar. Tampoco hace excesivo calor,
que ya sabéis que no me gusta que haga demasiado. Hace el tiempo que
debería hacer en estas fechas. Por eso y por el hecho de estar aquí
ya estoy algo mejor en Iruña. Pero... como todo lo que escribo aquí,
tiene sus pegas.
Para empezar, mis malos augurios con lo
del contacto con la gente se ha cumplido. Se ha perdido la relación
con casi todos. Hablando con una de esas personas me dijo que ya no
salía con la misma gente. Y sigo sin poder contactar con la gente,
debido a que perdí sus números cuando cambié de móvil, y ellos no
se han molestado en hablarme desde hace casi un año. Supongo que no
puedo pedir más... por lo que recuerdo tampoco caí muy bien el año
pasado, y como no quiero ser molestia otra vez, desisto. Que sea lo
que tenga que ser. Quizás algún día me encuentro con alguno por
casualidad, quizás alguien acaba hablándome de nuevo. O quizás no.
Asimismo me voy acostumbrando a todo esto. Ya que llevo desde
septiembre del año pasado sin salir una noche. Por un mes más no me
voy a morir.
Lo que realmente me ha dolido más de
estas primeras horas han sido comentarios hechos por mi propia
familia. Cada dos por tres mi abuelo se queja de porque no tengo
amigos, de que no salgo, de que todo eso es culpa mía... Le digo que
me molesta que diga eso, pero al tiempo lo vuelve a hacer. La
insistencia dentro de casa también es diferente... Si no se hace
algo como y cuando el quiera, ya puedes estar preparado para una
charla o una bronca. A veces me siento como si me tratasen como un
niño pequeño, como si no supiera hacer nada por mi solo. Y también
falta una intimidad que en mi casa siempre tengo. Cuando estoy en mi
habitación con la puerta cerrada doy a entender de que quiero estar
solo, tranquilo, sin que nadie me moleste. En cambio entran más
entonces que si tengo la puerta abierta.
Y bueno... Ahora mismo estoy bastante
indiferente con el entorno. Pero llegará el día en el que me canse
de una cosa, de la otra, o de todo a la vez. Voy a estar un mes aquí,
del que ha pasado solo un día y ya me deja un amargo sabor de boca.
Aunque por otra parte, la libertad, y esa sensación que expliqué al
principio de estar aquí, ameniza todo. Al fin y al cabo no es lo
mismo estar solo en una ciudad, donde ves gente por cada esquina, a
estarlo en un pueblo. Esto siempre ha sido diferente, no ha habido
dos años iguales.
Toda esta situación me está haciendo plantearme la locura que llevaba tiempo pensando hacer, aunque de momento tengo que tener paciencia. Pero si esto se me va de las manos y ya no aguanto más, me largaré. Ya he mirado hasta buses que podrían llevarme con Hikari o a casa. Espero no llegar a recurrir a esos extremos, pero soy tan impredecible que...
Eik Hrast, VdF. 30/07/2014
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