Es difícil volver a asimilar que vuelvo a abrir esto. Nunca cuento nada bueno, y esta vez no va a ser distinto. Nada ha cambiado, nada ha mejorado. Solo ha pasado el tiempo, como siempre.
Es fácil criticar a las espaldas de alguien, más cuando no eres la única persona que lo hace, y cuando podéis poner críticas en común. Pues esos actos ya os hacen ser más inferiores que alguien que jamás suele ponerse por encima de alguien, salvo en esta ocasión. Yo he ido siempre de cara, sabiendo que lo que hacía estaba bien o mal, sabiendo lo que ello podía conllevar. ¿que alguien me cae mal? no tardará mucho en darse cuenta. No soy tan falso como para enmascarar una emoción. Tal vez sea ese uno de mis mayores errores. Porque si, yo lo admito, tengo tantos o más errores que vosotros. Pero los juzgaré YO, no nadie más.
Escribo esto por aquí, porque a quien debo criticar no tiene nombre ni apellido (ni quiero saberlos), ellos mismos sabrán quienes son, se darán por aludidos. Y si tienen algo que decirme de verdad, ya saben mi número. Puede que las críticas me las haya ganado a pulso, pero si sois un poco maduros, lo diréis a la cara. Porque he tratado durante toda mi vida con gente así, o mucho peor. Lo único de lo que me arrepiento es de haber confiado en esa gente que ahora se esconden, sin tan siquiera tener valor de decirme algo directamente.
Estoy acostumbrado, no me ha quedado otra. Si, estoy solo, y lo seguiré estando. Eso ya no me importa. No deseo esto ni a la gente a la que va este blog. Pero si no tuvierais alguien en quien confiar y poder soltar todo esto ¿qué haríais? ¿guardároslo? Hasta cierto punto puede que yo también lo haga. Pero sé que cuando explote será peor. Entonces prefiero decir las cosas altas y claras con las heridas aún abiertas y la sangre caliente. No me arrepiento de haber hecho nada por lo que se me critica.
La gente se quejaba de que era un victimista, de que lo decía para llamar la atención. Bien... A esa gente, me han diagnosticado depresión. Si me quejaba (no niego que lo haya hecho en exceso), tenía mis motivos, y los seguiría teniendo. Ha llegado un momento en el que ''me da igual que no haya invitados en mi boda''. Porque tampoco habrá personas obligadas a asistir a mi funeral. No me volveré a quejar de estar solo, los demás se lo pierden.